Bajo el lema "Bibliotecas públicas: donde la cultura se hace derecho" se habló mucho de cómo las bibliotecas son el último refugio de la veracidad frente a la desinformación. La intervención de Luis García Montero en la inauguración fue de las que merecen subrayado: recordarnos que la cultura no es un adorno, sino una necesidad cívica esencial.
El XII Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas (Granada, 5-7 noviembre) reunió a más de 550 profesionales, cifra récord que generó problemas logísticos. Más allá del programa oficial, el valor del congreso estuvo en los espacios de encuentro entre compañeros.
Las claves: Derechos y Algoritmos
Bajo el lema "Bibliotecas públicas: donde la cultura se hace derecho", el congreso pivotó sobre ejes muy potentes: los Derechos Culturales, la Alfabetización Mediática e Informacional (AMI) y la omnipresente Inteligencia Artificial. Se habló mucho de cómo las bibliotecas son el último refugio de la veracidad frente a la desinformación. La intervención de Luis García Montero en la inauguración fue de las que merecen subrayado: recordarnos que la cultura no es un adorno, sino una necesidad cívica esencial.
Mención aparte merece la apuesta del Ministerio por revitalizar los Laboratorios Bibliotecarios (LABBBs), que trajeron al congreso cuatro proyectos de innovación prototipados previamente, idos en talleres transferibles para otras bibliotecas.
Luces y sombras: la frustración logística
El éxito de convocatoria tuvo una cara B: pilló a la organización con el pie cambiado. El congreso, literalmente, se desbordó. Hubo momentos de verdadero desasosiego por las dificultades para inscribirse en los talleres y actividades paralelas. Pero lo que más dolió en el ambiente fue el caos con los eventos sociales, especialmente la cena institucional. Mucha gente se quedó fuera, generando una sensación de frustración inevitable. Es la paradoja de nuestra profesión: reivindicamos espacios de encuentro, pero esta vez el continente se nos quedó pequeño para tanto contenido.
Visibilidad asociativa: Stands y Capital Humano
En los pasillos, el ecosistema asociativo se hizo notar. Vimos cómo nuestros colegas de la Asociación Andaluza de Bibliotecarios (AAB) jugaban en casa, aprovechando la ocasión para desplegar su stand, al igual que hizo ANABAD. Sin embargo, en medio de ese bullicio, ALDEE brilló de otra manera: ejerciendo como el gran aglutinador de la presencia euskaldun. Sin necesidad de stand, fuimos el "refugio" natural. Al ser "los de siempre", nos tocó ese rol de nexo para saber quién había venido y para coordinar la imprescindible foto de familia. Fue gratificante ver que ALDEE servía de brújula para que los profesionales vascos nos reconociéramos, hiciéramos piña y compartiéramos tanto las impresiones profesionales como las quejas organizativas.
Aportando contenido al programa
Más allá de asistir, también tratamos de sumar al contenido técnico del congreso. Tuve la oportunidad de compartir la experiencia de Muskiz presentando el proyecto "Barcos en la Puerta" y de impartir junto a Ana Barrena uno de los talleres LABBBs del viernes. Siempre es positivo contrastar nuestras formas de hacer con otros compañeros y comprobar que el trabajo local que realizamos en Euskadi tiene encaje e interés en el debate estatal.
Conclusión
Los congresos se miden por su capacidad de generar espacios de encuentro, no solo por el brillo de las ponencias. En Granada confirmamos que ALDEE es una red sólida: cuando la organización falla o el evento se desborda, tener a los compañeros cerca es lo que salva el congreso. Seguimos trabajando (y esperando que para la próxima calculen mejor el aforo).
Fernando Juarez